24/02/2010
Con la banda roja en Núñez
Carlitos Pedro Trod ingresó con cuatro años al Departamento Cadetes de Ríver Plate donde los niños definen su orientación deportiva mediante distintos trabajos. Allí los profesores van evaluando las afinidades con una determinada actividad para derivarlos después a la disciplina correspondiente.
Por sus inclinaciones naturales el hijo del “Profe” Carlos Trod llegó a la escuelita de fútbol donde hoy aprende con alrededor de quinientos pequeños jugadores de la categoría 2001. La colonia tiene dos turnos de martes a viernes y compiten los domingos en Vicente López en la cancha del Club Vilos. Fernando Más, hijo del legendario “Pinino” es el Profesor a cargo junto a otros nombres conocidos de la entidad porteña. Al margen de estar en la escuela Carlitos trabaja con los pre - infantiles, la categoría previa a entrar a infantiles de AFA que practican en Villa Martelli. Sus condiciones - explicadas por su padre - son adaptables al fútbol actual, dinámico, “metedor”, de ir y no entregarse, obediente, disciplinado y respetuoso con los profesores. En diciembre hicieron el acto final de la escuela en el Estadio Monumental, que fue una experiencia fuera de lo común para estos chicos que aunque no comprendan del todo una emoción semejante, adivinan lo que significa tal cosa. “Cuando sea grande quiero ser dentista y jugador de - dijo Carlitos esbozando una sonrisa inocente, ante su realidad de principiante en un deporte que tanta pasión moviliza en cada ciudad o pueblo de nuestro país. El 8 de marzo cumple 9 años, ha pasado de grado en la escuela y compatibiliza con esmero su educación y afición deportiva como es lógico. Dijo con soltura y lo confirmó con su expresiva mirada, que le gusta entrar a una cancha y que su figura referente es Diego Buonanotte. El puesto que ocupa es el de puntero derecho pegado a la línea de cal. Le gusta patear al arco, meterse en diagonal al área rival y sueña con ganarle a Boca con la camiseta de su “cuna futbolera”. Con el número siete en la espalda el chiquito se ilusiona y sueña despierto, derecho que la vida le da y que está forjando munido de su entusiasmo y un par de “botines”. (JL)
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10/02/2010
Una barra futbolera
Comparto este recuerdo de algunos personajes conocidos de nuestra ciudad, mezclando uno de mis dibujos con los de "Tata" Hasselman, un amigo que ya no está junto a nosotros.

"Pele" Argüello, el de la camiseta de Colón, fue un "sabalero" acérrimo que cuando su equipo ganaba hacía un poco de ruido con algún cacharro y un palo, haciendome sentir de buena onda mi razón "Tatengue". "Carlucho" Yennerich, uno de sus amigos en el cielo, tuvo un buen pasado futbolero, registrando su paso de "duro central" en las dos casacas norteñas, Juventud y Sportivo. "Pómulo" Sotelo también correteó brevemente con los rojinegros del Monumental, una tradición familiar, pero su labor más destacada tiene que ver con su destreza como asador y cocinero, que no es poca cosa. El "Colo" Ceballos, si la memoria no me falla, escribió sus buenas páginas con la redonda en San Lorenzo y Juventud en las posiciones de ataque. "Pepe" Sólito ha tenido pasajes muy notorios por la dirigencia de Unión de Santa Fe y Sportivo en el ámbito local, y es muy conocido en nuestra ciudad por su titularidad veterana como empresario del transporte de pasajeros con el famoso NECE.
Elevo este homenaje al dibujante aludido, el "Tata", y a los muchachos del "rejunte", producto humano de ese potaje fenomenal que significa una amistad de barrio bien entendida. Que vaya para ellos, los que ya no están y los que aún llevan cuerda en el carretel, mi sentimiento sincero. |
26/11/2009
Pobre pibe
Esto que te cuento no es una historia inventada, ni es sacada de una villa congestionada de tristeza. Sucedió en una ciudad respetable, si las hay, y muestra otro tipo de miseria, que lamentablemente tiene que ver con las cosas del deporte que aquí nos reúnen de buena gana.
"Ponete en situación hermano, entra a la cancha conmigo, no al campo de juego, sino del lado de mirar, para lo que quedamos los patadura, y bueno, por ahí viene el tema. No creas que es para que te pongas mal che, es apenas para reflexionar con vos, que te gusta el “fulbo” desde siempre. Yo sé que hay que ganar y esas cosas, la competitividad es eso pero, con los chicos no, pará un poco, escuchame dos segundos, ¿me copiás?
Jugaban los pibitos de octava, en pleno desarrollo de sus conocimientos, imagino que van para aprender pero, fijate la extrema idiotez que a veces se mueve detrás de la escena. Ubicá en tu “zabiola” la tribuna cargadita con padres, seguramente algunos abuelos y demás lazos consanguíneos posibles, qué se yo. Después los purretes con sus camisetas florecidas de orgullo, vaya a saber con qué fantasías en su cabecita. Pelota, árbitro, todo en orden, comienza el encuentro y el show que se desató en un momento equis, fue un desatino, un tiro al corazón de cualquier ser pensante. Por la torpeza propia de los bajitos a esa edad, que nadie podría juzgar mala intención, sucedió una patada que derribó a su adversario y esto desató una ola de puteadas desde personas mayores que no contemplaron que allí jugaban niños, recién en el inicio de su inserción deportiva. ¡Hijo de p…! mal p…..”, ¡negro de m…! todo un repertorio que no merece calificativos sino el más firme repudio.
Ese día me fui del estadio con un dolor en el alma, era un club de mi pueblo, entre aquellos que vociferaban había distintos exponentes sociales que no quiero recordar por temor a una ofensa. Saqué el rollo de mi cámara y lo abrí velándolo, para que las fotos que había registrado esa tarde no me recordaran aquél episodio como tantos que suceden en todas partes.
Pensé un poco en el afán desmedido de muchos que secretamente desean tener un “Diego”, un Messi, un “Agüero”, un “Ñiño Torres” en la familia, no por sus rasgos personales, sino por la fama y el dinero.
Suelo enfocar estos entuertos desde una óptica exageradamente fatalista, lo asumo, no me da para más, si hasta veo a los viejos, que no son todos, manipulando a los chiquitos como si fueran muñecos de metegol.
Seguro que hay gente desencantada con su “status” social, con sus trabajos y malarias conexas, y de ahí como en una lotería, apuesta donde supone puede encontrar la salvación económica, utilizando a su hijo como un posible billete ganador. Quisiera saber, y termino, qué ha sido de tantos sueños que no fueron, y si a los mismos niños los siguieron abrazando “con aquél cariño del encantamiento”, cuando chocaron con la desilusión que consideran un fracaso.
Me entendés che, por qué le digo pobre pibe..."(Por José López)
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16/9/2009
Un fuerte abrazo de gol
“Te escribo un par de líneas porque para éstas fechas me pongo un poco nostalgioso y se me vienen a la memoria recuerdos muy lindos de aquél Sportivo del Norte Campeón del 88, donde vos también formaste parte de ese gran plantel, que tal vez no se lo recuerde por la calidad de los que estábamos, sino por el c ompañerismo que había entre todos".
El 17 de Setiembre se cumplen 21 años de aquella tarde donde en la cancha de Juventud Unida de Humboldt le pusimos el “confite a la torta” y nos dimos el gusto de cumplir un sueño que todo pibe tiene, salir campeón con el Club de sus amores, el que te vio nacer.
Cierro los ojos y veo la cancha llena, los goles del “Topo” Baronetti y el “Negro” González sellando ese 3 a 0 para coronarnos definitivamente.
Como olvidar los festejos adentro de la cancha con el Rambler pintado de blanco y negro conducido por el “Rafa” Álamo y su padre “Bambino”.
La caravana hasta Esperanza, la vuelta a la plaza, el pasar por adelante de los “primos” con las banderas y llegar hasta nuestra cancha para sellar otra vuelta olímpica.
Imposible olvidar ese plantel con Guido Quagliaro, “Neo” Hidalgo, “Beto” y Claudio Tascón, “Dani” Widder, “Tote” Foos, “Colo” Bidart, Diego Clebot, “Rafa” Molina, Sergio Visintini, “Negro” González, “Topo” Baronetti, “Narigón” Canessini, “Flaco” Gimenéz, “Corcho” Colombo, Daniel y Víctor Calza, “Fofi” Gamero y espero no olvidarme de alguno.
Un cuerpo técnico que se las sabía a todas con “Carachi” Presser, el profe Raúl Colombo, Mario Sosa y vos José.
Dirigentes como Clide Dutruel, Miguel Vernazza, “Quiquí” Vaudagna, Aníbal Gómez, Delcio Colombo, “Gogui” Rosler, “Palito” Oreggione, “Kolino” Pirola, etc. Y como si fuera poco tuvimos una Tercera Especial, como se llamaba entonces, que dio su vuelta olímpica por cuarta vez consecutiva, ¡cuantas emociones y recuerdos!.
No podemos dejar pasar ésta fecha por alto, por eso vaya un afectuoso saludo para todos los que cristalizaron este sueño de pibe.
“Tote” Foos
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Sin secretos
Luego de su nuevo paso por Puerto Rico Alejandro Trionfini nos cuenta de la actividad que desarrolló en el país centroamericano adonde acude cada año.
“Creo que dije en la nota previa al viaje que el sitio es Cayey, una provincia de Puerto Rico donde estuve todo junio realizando un campamento de Entrenamiento en el Club Taurinos. Esto es coordinado por un hermano portorriqueño, José Martínez, y también entrenamos un equipo Sub 15 que jugará el 22 de julio una serie de partidos allá. Las jornadas fueron muy intensas empezando a las 6 el primer turno sub 15, después seguía de 8 a 4 de la tarde con el campamento y a las 5 el 2do turno del equipo y nada menos que con 40 grados de calor”.
ETAPAS Y PROGRESO: “En el tiempo que llevo yendo a Puerto, el fútbol creció notablemente, y más en estos años donde una federación se encargó de los temas que verdaderamente hay que tratar. Contacto directo con la FIFA, creación de una liga profesional y clubes, fomento de ligas infantiles y juveniles pero, fundamentalmente capacitación. Faltan muchas y mejores cosas por hacer, pero se ha pasado de tener un futbol estancado a tener un deporte en crecimiento”.
RELACIÓN: “Me contacté por medio de una persona del básquet que vino a nuestra ciudad, eso posibilitó mi primer viaje. Laboralmente fue un fracaso porque no encontré nada de lo que estaba buscando. No obstante, semejante situación me dejó afinidad con un presidente de un club que luego se animó a llevarme sin conocerme profesionalmente. Lo que vino después fue por cuenta de mi capacidad de trabajo, y logré que me sigan llamando cada año”.
Alejandro es claro en cada concepto y pregunté porqué no se establece en un lugar que lo recibe tan bien, y hasta cuando seguirá viajando a esa tierra donde su población es tan especial:
“El portorriqueño es una persona muy alegre, servicial y amable. Tuve la suerte de conocer gente muy respetuosa y honesta que responde ampliamente a esta descripción. Sobre el tiempo que seguiré yendo, eso nunca lo sabré porque no depende de mí, lo mismo que establecerme. En algún momento puede pasar, pero todavía no encontré un club o federación para mi arribo por un período mas largo. Para un club del exterior es un riesgo económico llevar a un extranjero y uno tiene que asegurarse un buen tiempo de dependencia laboral. Si esto sucediera pondría realmente en discusión familiar mi destino futbolístico, hoy todavía no ha pasado esto”.
LO QUE QUEDA: “Creo que tengo mucho para dar, tanto allá como acá y eso es porque dirijo en niveles que me gustan mucho. Siempre aspiro a más pero que no haya jugadores profesionales aquí, es un problema por más capacidad que uno tenga. Mi trabajo en Puerto Rico es el mismo que hago en Esperanza; planificación rigurosa, mucho trabajo con pelota, conceptos todo el tiempo, mutuo respeto y esfuerzo en cada entrenamiento. Trato que todo transcurra en un ambiente cordial y divertido, si eso pasa yo no me aburro y cuando es así el resultado es óptimo. Allá tienen predisposición al trabajo y sé qu e lo que realizo es de calidad, gusta y lo reciben muy bien. Mis metas son seguir creciendo en la profesión, mejorar el nivel del trabajo individual y de mis competencias. Quiero expandirme profesionalmente hasta donde pueda mediante las propuestas que tengo para 2010. Ellas son para seguir donde estoy y también para irme a otros lados. Eso siempre es bueno porque gratifica saber que el sacrificio da frutos. Mi agradecimiento es para todo Cayey, por este periodo en que sentí el respeto y la amabilidad de los jugadores, de los entrenadores que colaboraron conmigo y de la comisión directiva que enmarca a toda la organización”.

"Entrenamiento a niños"
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"Con tinta de diario"
Graciana Petrone es una periodista rosarina que casualmente encontró nuestra página y en ese mismo momento sintió que era el lugar donde quería volcar uno de sus trabajos. Esta es la historia de un club de barrio nacido en la forma que suelen darse los amores increíbles, y nuestra amiga lo cuenta con el mejor de los sentimientos, como si ella hubiera inventado aquellos viejos episodios. (Jos é López)
Con sabor a barrio, tinta de diario, deporte y pasión, ese azaroso capricho del destino. Un grupo de chicos entre 10 y 14 años, a fines de la década del 20, en el siglo pasado, erigieron los pilares del club Atlético Temperley de Rosario, una institución casi centenaria que cuenta con orgullo su historia.
por Graciana Petrone
Corría 1927 y la vieja esquina de Cerrito y Ayacucho era el reducto obligado que convocaba a casi todos los chicos del barrio República de la Sexta a pasar horas interminables. El sol en las primaveras de los años 20 que nunca dejaba de caer, las siestas sin fin, las calles anchas confundiéndose con las veredas, los álamos acampanados que protegían sus juegos y el único deseo de patear la pelota, impulsaron a un grupo de jovencitos a organizar un club de fútbol. Una pequeña habitación rentada, tal vez en base al dinero que recaudaron como lustrabotas, con sorteos y rifas, fue la primera sede del club. Pero lo que tal vez nunca imaginaron esos muchachitos de pantalones cortos a principios del siglo pasado, era que sus abetunados sueños, utopías y balones de trapo, serían los ejes de la que hoy es una institución casi centenaria, con más de 1300 socios y dedicada con fervor al desarrollo del básquet local.

Juan Esteban Milicich, Rafael Burgos, José Castelli, Ernesto, Alfredo y Alberto Morosano, eran un grupo de niños que se reunían en la esquina de Cerrito y Ayacucho a jugar al fútbol o “patear la pelota”, según relatan algunos ex dirigentes del club, quienes también conocieron a muchos de sus fundadores. “Esos chicos eligieron la calle Cerrito porque por Ayacucho pasaba el tranvía y en consecuencia, tenían más espacio para practicar el deporte que todos los chicos quieren jugar”, cuentan, mientras sus miradas permanecen distantes, como quien pretende rescatar una imagen guardada en algún rincón de la memoria.
Sin titubear, uno de los ex dirigentes del club asiente con un gesto elocuente cuando el periodista le dice que el fervor que despierta el fútbol no cambió desde sus orígenes en Inglaterra allá por la Revolución Industrial, en el corazón de las Publics Schools. Que incluso su posterior expansión por el mundo, la popularidad adquirida y su consecuente socialización, reglamentación y la construcción de organizaciones y federaciones de ese deporte, por el contrario, colocaron al fútbol en un lugar de privilegio en el orden de las todas las sociedades mundiales.
Un nombre con tinta de diario, fútbol y pasión
Una tarde sentados en la esquina, después de jugar un picadito, los chicos comentaron entre ellos lo bueno que sería armar un club de fútbol con camisetas y todo. Pero esa misma tarde aconteció un hecho fortuito, quizás una mano divinamente invisible que marcó la emotiva y particular historia del club del barrio República de la Sexta.
Así fue que de regreso a sus casas, un espeso viento estival le enredó a Alfredo Morosano una vieja hoja de diario en sus tobillos. La tomó entre sus pequeñas manos y al ver los titulares de las noticias leyó que una fuerte tormenta había azotado la localidad bonaerense de “Temperley”. Juan Esteban Milicich, quien acompañaba Alfredo Morosano aquella tarde de verano, expresó en el libro de los 50 años del club que “ese azaroso capricho del destino” quiso que Alfredo tomara la hoja del periódico entre sus manos y, lejos de apartarla para continuar el surcado trayecto desde la ancha calle Cerrito hasta su casa, “leyera las noticias”. De aquel particular hecho surgió el nombre que actualmente lleva la institución.
Poco a poco el sueño del pibe se hacía realidad. Algunas chirolas que guardaban, la ayuda de sus padres y una motivación apasionada e inalienable, permitieron a los chicos comenzar un escalonado camino ascendente que, con el paso de los años, se convertiría en el Club Atlético Temperley. Al poco tiempo, el 21 de septiembre de 1927, alquilaron una pieza en Cerrito 347 que fue la primera sede del Club. Allí pusieron en funcionamiento un buffet, el que se convirtió en la visita impostergada de los parroquianos del lugar. Vermouth, grapas, ginebras, rifas, tute cabrero y mus, colaboraron para que los muchachitos juntaran algo más de dinero.
El corralón de Ayacucho 2167 y un rumbo inesperado
De pronto, los pibes abrazaron un día una de sus ilusiones más preciadas. Con el dinero que obtuvieron del funcionamiento del buffet y las rifas, compraron camisetas, pelotas y participaron de una liga de fútbol amateur. El algodón de piqué a cuadros negros y blancos, similar a la bandera de largada de las competencias automovilísticas, sellaron los colores del “Negro” para siempre.
Como no tenían cancha para disputar los partidos, utilizaban el predio de la Canchita de la Fe, por aquel entonces situada en Bv. 27 de febrero y Necochea, en sus condiciones de locales. También en la cancha de Pleamar, ubicada en las inmediaciones del predio donde hoy se encuentra el Colegio del Rosario.
A medida que el tiempo pasaba, más niños querían participar de la liga y jugar al fútbol. De este modo, fue necesario fijar una cuota societaria para comprar camisetas, costear traslados, meriendas y organizaron rifas para generar dinero. Una vez reunidos los fondos suficientes, en 1950, alquilaron y posteriormente, compraron el corralón de la calle Ayacucho 2167, que es donde actualmente se erige el club.
Con un espacio físico mayor, incorporaron bochas, gimnasia acrobática, hockey sobre patines y patín artístico. Sin embargo, la estructura y las dimensiones del corralón no acompañaron de manera favorable la construcción de un predio de fútbol y fue entonces que la comisión directiva a cargo decidió reemplazarlo por el básquet.
Sucesivos cambios y el gimnasio “Alfredo Morosano”
El 6 de septiembre de 1979 se realizó la recordada “Cena del techo parabólico”, donde el objetivo principal fue reunir los fondos para hacer el cerramiento superior del gimnasio. Algunos dirigentes del club cuentan hoy melancólicos y orgullosos, que se recaudó más dinero del esperado, razón por la cual en 1985, terminaron por completo el gimnasio que lleva por nombre Alfredo Morosano.
Consecuentes, tenaces, abrazados por el negro y blanco de su escudo, un nuevo cambio de rumbo obligó a la dirigencia de turno a tirar abajo la cancha de bochas en 1981, para dar lugar a la construcción del natatorio. Aquel hecho, incrustado en el tiempo y escrito en la historia, hizo que muchos de los apasionados por las bochas abandonen el club. Una actividad que generó grandes campeones argentinos bochófilos durante la década del 60.
“Una verdad sucesiva que se descubre a medida que se avanza, un magnífico dolor”, como escribió Martín Descalzo en su libro “Razones para la alegría”. Como un proyecto exquisito donde la pasión, el deporte, la amistad y la consecuencia se conjugan, los socios fundadores y directivos de Temperley enfrentaron diversos contratiempos que los obligaron a tomar drásticas decisiones. Al igual que un padre proyecta el futuro de sus hijos y la inclemencia del destino coacciona para cambiarlo. De este modo, lo que se pensó en un comienzo como un club de fútbol, es hoy un importante club de básquet de la ciudad y semillero de grandes estrellas nacionales. Mario Bernardini (65), jugador de la selección de Santa fe y de Argentina y su hijo Ariel, quien también jugó en la selección local, provincial, nacional y fue campeón con Boca Junior y Peñarol de Mar del Plata en la Liga Nacional. Hoy se encuentra en la lista de los máximos goleadores de la historia de los torneos más importantes del país. Y aunque una grave lesión lo marginó de las canchas por un tiempo, hace unos años regresó para quedarse en Rosario y jugar en la liga local. Hoy Bernardini dirige las inferiores de Temperley. Un entrenador de lujo que conjuga la pasión, el profesionalismo y la humildad. Ciertamente es un lujo que “el Negro” tiene.
Con sabor a barrio. El sentimiento sano y profundo de un grupo de chicos en las primeras décadas del siglo pasado, creó un espacio de recreación deportiva y social que hoy, 80 años después, alberga y contiene a numerosos niños y adolescentes.
Sin lugar a dudas, el negro y blanco de aquella hoja de periódico que envolvió los pies de Alfredo Morosano una tarde de 1927, marcaron con fuego y pasión la historia del Club Atlético Temperley.
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Cachito
Lo recuerdo y cuando más lo pienso me parece que de verdad fue un cuento. Aquél día el rengo apareció por el baldío tan
malo, que llevarle la contra hubiera sido un suicidio. Para Cacho, para Deja que te contemos y vas a entender. ¡No querido, no, te parece bueno que desarmen el equipo, deja de joder! Tranquilizate Cachito, vos sabes que para nosotros sos el mejor, pero Don Lili dijo que no hay vuelta de hoja, que el arquero será el Mario, qué quieres que hagamos. Torito intentó apaciguarlo. ¡Pero anda pichón de loro, si saben que nadie ataja como yo, decían que parecía un mono cuando me tiraba para aquí o para allá, yo salvé lo que nadie salvó y ahora me vienen con esto!. Es cierto Cacho, pero al viejo le dijeron en la Liga que no podrás jugar y ni te pueden inscribir.
Ah claro, qué fácil es ahora cuando aparecen los resucitados, justo ahora que tendremos camisetas con número en la espalda, todo como en una primera, vamos a decirle al Copello ese que si no jugamos todos el cuadrito se va a la mierda.
El rengo largó toda su rabia de un tirón casi sin respirar y recibió la noticia de la reunión en la rinconada donde se jugaban los “oficiales” del barrio, cerca de la chancleta, como llamaban entonces peyorativamente a la escuelita de calle Aristóbulo del Valle y Sarmiento, por su condición humilde, inserta en una comunidad obrera. Pero no traigan el bolo eh, porque sino de hablar las pelotas, ¿estamos?, dijo uno de los pibes dándose ínfulas de dirigente.
Fue un viernes al atardecer, rato después de que los “craques” del potrero salieran de la escuela y largaran los útiles en cualquier parte de la casa, ante la bronca puntual de cada madre, cosa que el tiempo no cambia. Unos tomaron un poco de leche o mate cocido con pan a las apuradas. La reunión es importante, dijeron entusiasmados, ¡ya volvemos mamá, estamos en el campito con los chicos! Corriente era hermano menor del rengo y venía con la pera embadurnada con dulce de zapallo hecho por su madre, y Cordero, de los nervios, tragó casi entero el alfajor que le había sobrado de la venta de Doña Magdalena. Dicha señora tenía un almacén y despacho de bebidas que mantenía su espíritu antiguo de veredas de ladrillo y ventanas coloniales de rejas altas, donde el barrio aún era calles de tierra y un puñado de casas modestas. De conocida generosidad, esta mujer protegió a muchos niños que sin ser suyos crecieron de su mano, y ellos, le devolvían este cariño vendiendo sus golosinas por el centro del pueblo, de cajoncito al cuello, vestidos con el delantal blanco de la escuela según el turno que tenían, mañana o tarde. Todos estuvieron en el baldío, y como llegaron antes que los tipos, se sentaron en círculo, como un consejo de caciques indios en una de cowboys. Había que esperar a Don Lili y a Pili, el bolichero de la ruta, ya que entre los dos aclararían el asunto de la Liga de clubes y su deseo de inscribirlos para dar forma institucional al cuadrito. ¡Dele, que vengan así después pateamos!, decían los carasucias quitándole presión a su curiosidad. Para suavizar la espera aprontaron chistes y cuentos de misterio aunque no hicieron falta; los señores llegaron con la puntualidad respetuosa de aquella época. Los chicos se pusieron de pie sacudiéndose la tierra del fundillo de los cortos. Unos estaban en patas “porque el calzado bueno se cuidaba para la escuela”, otros con alpargatas negras. Algunas lucían flecos y era raro, ya que los papis de antes, para que éstas duraran un poco más, le recortaban el yute que sobraba. Los dedos gordos parecían espías asomando por la punta descosida de aquella zapatilla económica sufrida de tanto uñazo a la redonda de tientos que traía Fulco, pequeña pelota número dos de cuero que cuando se mojaba se ponía más dura que una piedra. En ocasiones las alpargatas eran cosidas con hilo de algodón o del choricero, caro pero el mejor, que nadie tenía para sus barriletes de papel de diario y engrudo. ¿Don Lili, vamos a tener botines y todo, con camiseta, pantaloncito y medias?, estiró un quiscudo alisando sus chuzas rebeldes. Todo a su tiempo, pibe, todo a su tiempo. Pero primero es lo primero. Acá tenemos un problema que solucionar, sino no podremos formar nada, dijo Copello. Después fue Don Alberto que con mucho tino llamó al renguito. Ven Cacho, dijo, y éste se acercó al bolichero con recelo porque él era el meollo de la cuestión. Hubo un silencio espeso, como un vapor invisible que se podía tocar. Escucha lo que te digo, dijo uno de los mayores mirando a su compañero, porque no era fácil el tema con Cachito. Hubo segundos interminables hasta que uno de ellos continuó: Sabes que todos te queremos pibe, y también que sos un gran atajador, de los que hay pocos, y que tendrías que seguir como arquero en el equipo. ¡Y claro que sí Don!, ¿por qué no voy a poder seguir?, estiró Cachito pispeando que algo se venía para engordar su pena que repartió a su alrededor entre lágrimas que no aguantó más. En este punto, el bolichero Vernazza volvió a mirar a su amigo Copello y ambos apretaron la garganta para pasar un trago duro, y aquél siguió hablando. Sucede Cachito, que los reglamentos son los reglamentos m’hijito, y vos en los arcos de una cancha de once y once no puedes jugar. ¿Pero por qué Don, si soy como un mono?, mire, mire y diga quién pega estas vueltas en el aire, mire, mire Don, mire! Y Cacho rebotó una y otra vez dando saltos aparatosos, demostrando su habilidad, su cuerpo que parecía de goma y maravillaba a todos por las acrobacias. Pero su sentimiento se pintó con el rojizo del sol que pareció esconderse para no presenciar tanto dolor. Los pibes aflojaron las lágrimas y los hombres que estaban ahí tratando de fundar un club, lo abrazaron al renguito apretándolo muy fuerte y con voz quebrada le dijeron: El travesaño Cachito, el travesaño y tus piernitas. Dios te quiso así, pero él no es malo, son las cartas del destino, tus piernitas querido, vos no podés jugar erguido. ¡Pero la pucha Don, se las hubiera dado a otro a estas piernas así, Don, se las hubiera dado a otro qué diablo, por qué a mí! Cuando seas grande vas a entender querido, vos, arriba no llegarías en una volada. ¿Cómo podrías alcanzar un tiro al ángulo?. Pero no vas quedar afuera, vos podrías ser el aguatero, y entrar con el equipo al campo de juego. El ofrecimiento que pretendió remediar con un sin fin de palabras rebuscadas la dureza del momento, quedó en el aire, con un suspenso eterno, mezclado a la angustia de la escena. Pero de pronto, el rengo abrió su boca grande como una sonrisa del universo, que le movió con gracia el lunar que tenía en la mejilla iluminando su cara sufrida y exclamó: ¡Sí señor, y podré estar con todos como siempre, adentro de la cancha! Y soltándose de los brazos de Vernazza y Copello, Cachito con sus piernas dobladas en gancho de nacimiento, por las que tuvo que abandonar la escuela, fue abrazando a todos sus amigos uno por uno. Estos, del drama, pasaron a una alegría incontenible, y como a pesar de todo había que celebrar, la tarde se hizo noche mirando de reojo un picado inolvidable.
Tal vez, esto no sucedió nunca, ni siquiera ese entrevero de despedida que jugaron en el baldío cercano a la Chancleta con el rengo de arquero. El arco armado con dos tarros de conserva llenos de tierra, al que Cachito atajando como sabía, mago de las piruetas, le bajó la cortina manteniéndolo invicto en su adiós como número uno del cuadrito del barrio. Una foto de aquellos años lo recuerda mostrando orgulloso el botiquín de auxilio posando junto al equipo que no pudo integrar. Sportivo del Norte bautizaron al club, el que comenzó a nacer aquél día cuando a él casi lo hería de muerte una pena inconmensurable.
(José López )
A la derecha de la fotografía, oculto por el botiquín, el personaje real de este relato que me permití recrear desde mi corazón.
(el autor)
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